Un niño es la víctima más grave de la plaga de ostras de la playa de Anguieira

Un niño es la víctima más grave de la plaga de ostras de la playa de Anguieira

Rubén Edrosa sufrió un corte de seis centímetros de profundidad, que precisó nueve puntos de sutura

Rubén Edrosa García frente al arenal de Anguieira. ANTONIO LÓPEZ

Rubén Edrosa García frente al arenal de Anguieira. ANTONIO LÓPEZ

La invasión de ostra rizada que este verano se ha registrado en la playa barreirense de Anguieira, como ya advirtió este periódico el pasado 30 de julio, ha tenido el martes su primera consecuencia grave para un usuario. Hasta ahora venían produciéndose cortes de mayor o menor envergadura, pero la herida más grave por pisar uno de estos moluscos la sufrió concretamente un niño barreirense de once años, Rubén Edrosa, –hijo de José Luis Edrosa y de Sonia García, los propietarios del bar El Último Cuplé, de San Miguel de Reinante–. Una concha le atravesó el talón a una profundidad de seis centímetros y le causó un corte longitudinal que requirió de nueve puntos de sutura. “Ahora tendrán que hacerle curas diarias en el centro de salud de Barreiros y tardará más de una semana en curarse”, matizó su madre Sonia García.

Hace aproximadamente una semana, un veraneante, que vino de Carballo a celebrar sus 40 años de matrimonio, resbaló de una roca y se apoyó en una de estas conchas que le seccionó un tendón de la mano .

Su padre, que contestó a este periódico justo al salir del centro de salud con el niño tras realizar las curas pertinentes, precisó que el chico había ido con otro compañero a Anguieira por la mañana a alquilar unas tablas. Apenas una minuto después de salir con ella, perdió el equilibrio y acabó pisando el lecho, posando el talón sobre una gran concha.

Óscar García, quien le auxilió en el agua: “Se levara un equipo de seguridade para practicar coa táboa, non pisaría o chan. A praia xa está pechada para o baño”

Quien le rescató en ese momento fue Óscar García, del club Augas Santas: “Eu estaba practicando cuns socios do clube, cando o vin bracear e queixarse. Tireime nadando a por el. Cando sacou para fóra a perna, vin que lle sangraba moito o pé, así que despois de subilo a unha táboa, gritei pedindo que viñeran as emerxencias e sobre todo Borja Rocha, o xefe do equipo de salvamento que é un surfista e un socorrista de primeiro nivel. Viñeron cos sanitarios e o 061 decidiu levalo primeiro ó centro de saúde de Ribadeo e despois, por temor a que tivera danado algún tendón, mandárono ao Hospital da Costa”.

Al parecer el niño estaba usando la tabla de una empresa que alquila tablas en la playa pero los vecinos se quejan de que “las alquilan pero sin ninguna protección y eso no debería estar permitido porque ¿y si se ahoga alguien?”. En opinión de García, cree que cualquier cursillista debiera llevar el preceptivo “invento de seguridade persoal, o Leash, que te permite manter atado o pé á taboa. Se o levara, penso que non chegaría en ningún momento a pisar o chan porque a táboa tiraría del”.

El presidente del club Augas Santas insiste en que “isto foi un accidente, pódeo ter calquera, pero cos equipos de seguridade axeitados, os accidentes poden minimizarse” y por otro lado, su club ya denunció el año pasado que “hai que informar. Todo aquel que organice ou teña actividades na praia ou veña practicalas ten que saber e informar sobre onde están estas ostras. Hai unha parte de Anguieira na que están e outra na que non. E hai carteis que o indican, pero conviría informar máis. Sobre prohibir ao baño en toda a praia, practicamente xa o está porque hai anos que non está permitido bañarse neste lugar de embarcacións e de saída de táboas. O neno non se estaba bañando, senón que caeu dunha táboa”, aclara el surfista.

El mismo García fue quien llevó al Hospital da Costa la semana pasada, junto a otro socio, al carballés que se cortó el tendón también con una ostra.

En la caseta del club Augas Santas ya cuentan con un botiquín para las curas más básicas, “pero se hai cortes más profundos chamamos a Borja Rocha”. Añade que “hai da orde de tres ou catro cortes diarios pequenos e os máis graves teñen sido estes dous mencionados”. Ni sandalias de goma, ni escarpines sirven de protección.

La solución al problema puede ser extraer las ostras, a ser posible en vez de retirándolas sin más, mediante un plan de marisqueo que permite comercializarlas, porque “son comestibles, como as que venden no Vicedo”.

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